"Tantum ergo", el himno que nació de un milagro eucarístico
Hay palabras que no se escriben, sino que se arrodillan. Hay versos que no se componen, sino que se consagran. Entre ellos, brilla como una lámpara encendida en el sagrario de la historia el “Tantum ergo”, última estrofa del himno “Pange lingua”, obra sublime de santo Tomás de Aquino, Doctor Angélico, teólogo de la claridad y poeta de la adoración.
La tradición —hermosa y verosímil— narra que fue compuesto poco después del milagro eucarístico de Bolsena (1263), cuando un sacerdote que dudaba de la presencia real de Cristo en la Eucaristía vio cómo la hostia consagrada sangraba sobre el corporal. Este hecho, que marcó a fuego la espiritualidad del siglo XIII, movió al papa Urbano IV a instituir la solemnidad del Corpus Christi y pedir a Tomás de Aquino los textos litúrgicos para tan excelsa fiesta. El himno “Tantum ergo”, que se canta ante el Santísimo expuesto en adoración, es el corazón ardiente de esa liturgia.
Allí donde la razón se inclina ante el Misterio, donde el verbo calla y el amor adora, Tomás ofrece una plegaria que no explica: contempla. No argumenta: se arrodilla. No exige ver: bendice lo invisible.
Texto en latín
Tantum ergo Sacramentum
Veneremur cernui:
Et antiquum documentum
Novo cedat ritui:
Praestet fides supplementum
Sensuum defectui.Genitori Genitoque
Laus et iubilatio,
Salus, honor, virtus quoque
Sit et benedictio:
Procedenti ab utroque
Compar sit laudatio.Amén.
Traducción al español
Veneremos, pues, postrados
este Sacramento augusto:
cese el antiguo rito,
dé lugar al nuevo.
La fe supla la flaqueza
de los sentidos humanos.Al Padre y al Hijo
alabanza y gloria,
salud, honor y poder
y bendición sean dadas;
al que procede de ambos
igual alabanza tributemos.Amén.
En cada capilla, cuando se canta el “Tantum ergo”, el silencio escucha. Es el eco de un milagro, la música del amor prisionero en la hostia, el balbuceo de una teología que se vuelve himno. Quien lo entona no solo canta: comulga.

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